Con llanto y martirio sus besos pagué,
La quise y la quiero, no quiero ya verla
Tenerla a mi lado es sufrir otra vez.
Por eso, mentile, decile que tengo
Un nuevo cariño que es todo mi amor,
Que ya no me acuerdo si un día sus besos
Quemaron mis labios con loca pasión.
Yo no quiero que se entere
No le digas la verdad,
No le digas que la quiero
Cada día más y más...
Yo no quiero que se entere
Y al mentirle vos sabés,
Ella fue todo en mi vida
Y yo tengo aquí una herida
Imposible de curar...
Si por ella estoy muriendo,
Yo no quiero que se entere,
No le digas la verdad.
Decile que nunca me esperen sus brazos,
Que ya no la quiero, que ya la olvidé,
Que nada me importa si su alma en pedazos
Espera mi vuelta lo mismo que ayer...
Hermano, no importa que sea mentira
Sabés que la quiero con todo mi amor,
Más fuerte que nunca está todavía
Latiendo en mis venas como una obsesión.
Letra : Reinaldo Yiso (Reinaldo Ghiso)
Música : Félix Villa (Félix Lípesker) y Riel (León Lípesker)
Reinaldo Yiso
Poeta y compositor
(6 de abril de 1915 - 16 de diciembre de 1978)
Nombre completo: Reinaldo Ghiso
(6 de abril de 1915 - 16 de diciembre de 1978)
Nombre completo: Reinaldo Ghiso
Nacio en el porteño barrio de Liniers, fiel a su barrio que nunca abandonó.
Se desempeñó como director de Magenta Discos.
En el año 1941 el maestro Ricardo Tanturi le estrena su primer título, "Por eso canto yo"; si bien es en 1943 cuando Reinaldo Yiso alcanza notoriedad con el tango "El sueño del pibe", grabado ese año porOsvaldo Pugliese con la voz de su amigo y vecino, Roberto Chanel. La temática futbolera abordada en este tango, hace que su letra alcance gran difusión y popularidad. Es en "El sueño del pibe", donde el autor rememora los propios momentos de felicidad e ilusión, vividos durante su juventud.
Para ese entonces Yiso, además de escribir y trabajar, presentaba en los bailes a la orquesta de Osvaldo Pugliese, tarea por la cual recibía una remuneración de cinco pesos por cada noche de actuación. Fue precisamente durante esos años cuando una tarde, al cruzar la calle junto a Chanel y Morán, lo atropelló un auto, provocándole serias lesiones que lo mantuvieron postrado durante más de un mes.
Escribió gran cantidad de tangos de carácter descriptivos, empleando versos sencillos, ya que nunca recurrió a la metáfora para adornar sus temas. La mayoría de sus letras plasmaron sentimientos propios o extraños, como así también algunas otras, reflejaron pasiones y controversias populares. Tal el caso de "Bolero", tango que muestra el enfrentamiento que en ese momento mantenían dos géneros musicales, el tango y el bolero; en tanto en "Bailemos", describe la angustia que siente una pareja frente al hecho irreversible de la separación. Todas las letras de Yiso encierran, verdaderas pinceladas de la vida.
Además de los temas ya mencionados, sus tangos más difundidos fueron "Un infierno", "Soñemos", "Cuatro líneas para el cielo", "Un regalo de reyes", "El hipo" , "Cómo le digo a la vieja", "Una carta para Italia", "Un tango para mi vieja", "La número cinco" , "El tango es una historia", "Estas cosas de la vida", "La mascota del barrio" , "Un tormento" , "El clavelito", "Susanita" y "Un vals para mamá". Este tema Yiso lo compuso una noche en que cuidaba a su madre, víctima de una afección circunstancial. En uno de sus versos el autor refleja cual era su estado emocional en ese momento, al decir que ese vals "Surgió una noche de esas que más pensaba en ella".
Musicalizaron sus letras, entre otros, Ricardo Tanturi, Francisco Rotundo, Miguel Caló, Anselmo Aieta, el ya citado Enrique Alessio, Pascual Mamone, Santos Lipesker, Arturo Galluci, Abel Aznar, Edgardo Donato, Roberto Chanel, Alberto Morán, Roberto Rufino y Alberto Podestá, Juan Puey, Roberto Caló, Oreste Cufaro, Ángel Cabral, Juan Pomati, Manuel Mañueco y Erma Suárez.
El 22 de mayo de 1943 se casa con Sara Rainer, con quien tuvo dos hijos: Marta y Ricardo, a los que Yiso nombra en su tango "Un regalo de reyes". Según cuenta su esposa, el nombre con el cual fuera anotado en el Registro Civil su hijo varón, responde al deseo de la pareja de homenajear al maestro Ricardo Tanturi.
Varias de las composiciones de Yiso fueron registradas a nombre de su mujer, tal el caso de "Bien Bohemio", tema que con música de Tití Rossi y Juan Pomati, fue grabado por la orquesta de Francisco Rotundo con la voz de Julio Sosa. ¿Quién no recuerda ese verso que dice: "Estoy en Pampa y la vía como viola en el empeño"? También, con el nombre de Sara Reiner, registró otros tangos, entre ellos: "Ruiseñor de Puente Alsina" y "Pifia", y con el seudónimo de Rianco, firmó la letra de "No me esperes esta noche", obra popularizada por la cancionista María Graña.
A su vez, compuso diversos valses peruanos, entre otros, "He visto llorar a Dios", "Errante vagabundo" y "Desagradecida".
Su aporte al tango quedó reflejado en la gran cantidad de composiciones que escribió, sin apartarse nunca de un particular estilo de poeta de barrio. Sus letras resumen emociones y pasiones comunes a la sensibilidad del porteño.
Para finalizar esta semblanza de Reinaldo Yiso, nada mejor que evocar un verso de su tango "Un infierno", precisamente aquél que dice: "en tu pelo soy abrojo que pretende ser clavel", frase que se hizo garra en la voz de Floreal Ruiz.
Según constancias obrantes en Sadaic, Yiso registró 532 obras, de las que 143 son inéditas, 114 fueron editadas, 109 grabadas y 166 editadas y grabadas.
(información tomada de Todo Tango )
Félix Villa (Félix Lípesker)
nació el 15 de Enero de 1913 y falleció un 22 de Marzo de 1970.
músico compositor y bandoneonista.
Germán, el hermano mayor, vio una tarde, en un escaparate, un bandoneónDoble A, de la lutería alemana Alfred Arnold, todo de nácar blanco. Lo compró sin un propósito definido. Unos días después, Félix descubrió la extraña caja, y al abrirla encontró ante sus ojos un instrumento de muy candorosa belleza, y apenas en semanas aprendió a extraerle melodías. Germán lo llevó entonces a estudiar con Abel Bedrune y, un año después, ya actuaba en un café rosarino, formando parte de la orquesta de su maestro.
Félix ya definía su estilo de intérprete delicado, sutil, intimista. En 1934 viajó a Buenos Aires para incorporarse al conjunto de Julio De Caro, quien había sufrido la deserción de Pedro Laurenz y Armando Blasco, y había oído hablar de un mozo rosarino que tocaba muy bien el bandoneón.
Antes de sus mayores éxitos de compositor, como el vals “Romántica”, con versos de Homero Manzi, Félix escribió el tango “A Rosario Central”, cuadro del que eran hinchas todos los Lipesker (que entretanto habían sustituido la z de su apellido por una s). La partitura, con la foto del equipo en la portada, se vendía a 10 centavos en la vieja cancha de “los canallas”.
Con letra de Manzi compuso también los hermosos valses “Más allá” y “Tu nombre”, y los tangos “Alba”, “Muchacha” y “Pajarito”, además de la milonga “Arrabal”, en la que el poeta de Pompeya imagina una luna amarilla que siembra misterios, caminando en puntillas sobre los techos.
En varios recordados tangos, Félix compartió la composición con el pianista Emilio Barbato. Son los casos de “Este viejo corazón”, con letra de José María Contursi; “Adiós adiós corazón” y “Naná”, con letra de Cátulo Castillo. Todos fueron grabados, como mínimo, por la orquesta de Osvaldo Fresedo, cuyo pianista era precisamente Barbato, y editados por Julio Korn, lo cual, por lo que se verá más abajo, induce a dudar del aporte autoral de Félix. No es descartable que él sólo contribuyera con la seguridad de la edición. En 1944, dio a conocer, “En cada puerto un adiós”, y un año después, “Mi Natai”, en colaboración con Leonardo Timor (Once Jerome), tango inscripto en el exotismo al que tanto rédito supo extraerle el letrista Horacio Sanguinetti.
Félix abrió un conservatorio junto con Carlos Marcucci, origen del famoso método de bandoneón Marcucci-Lipesker, editado en 1945, que se impartía incluso por correspondencia. En las provincias brotaban las orquestas, que sufrían tal escasez de bandoneonistas que aceptaban incluso a los formados por correo. Félix había compartido con el admirable Marcucci la fila de bandoneones de De Caro, también integrada por el renombrado Gabriel Clausi. Entre los alumnos célebres que estudiaron con Félix se encontraba Leopoldo Federico, quien abandonó aquellas lecciones cuando dejó de poder pagar los 15 pesos mensuales que cobraba el maestro.
Félix compró la editorial musical Sudamericana, que luego le vendió a Julio Korn, pasando él mismo a gerenciar todo el conglomerado. Mientras tanto, su mujer, Matilde Bussano, le insistía en que abandonara la rumbosa vida de músico, con sus largas madrugadas de cabaret. Félix dejó entonces a De Caro y se consagró a explotar combinadamente los tres recursos con que contaba: sus conocimientos musicales, el conservatorio y la editorial. Con ésta lanzó la Biblioteca del Bandoneonista, adaptando y digitando para el fuelle obras clásicas famosas, desde valses de Chopin a piezas de Albéniz, pasando por Rimsky Korsakov y Paganini, e incluso el método Hanon de piano. Dio a conocer además álbumes de variaciones para bandoneón, cada uno con diez tangos, sobre compositores como De Caro, Aníbal Troilo o Enrique Discépolo.
Frecuentemente se duda de la real autoría de Félix Lipesker aunque nadie pone en tela de juicio sus aptitudes. Es el caso de los arreglos para bandoneón solo, que firmó con Federico. El primero de esos, correspondió al tango “Guardia vieja”, de Julio De Caro, en el que el nombre de Lipesker figuraba en tipos de gran tamaño, y el de Federico en un cuerpo mucho menor. Éste, sin hacer ningún comentario ante ese atropello, preparó su venganza al entregar el segundo arreglo, en ese caso de “La rayuela”, también de De Caro, agregó en caracteres de imprenta el nombre de los autores, escribiendo el suyo bien grande y el de Lipesker debajo, en letras pequeñas. Félix tampoco emitió comentario alguno, pero en lo sucesivo los dos nombres fueron impresos en igual cuerpo. Ya bastante era que figurase Lipesker como autor sin haber escrito una nota y que, además, la retribución por el trabajo fuera poco más que simbólica. Dentro de su pobreza, la paga era superior cuando el autor del tango arreglado había muerto, lo que inducía a trabajar sobre obras de compositores extintos como Eduardo Arolas o Agustín Bardi. En cuanto al método, entre los bandoneonistas se presume que fue Marcucci su único autor, pero admitiendo que Félix lo revisó y corrigió, tarea para nada irrelevante.
Riel (León Lípesker)
(1 de enero de 1936 – 1 de octubre de 1979),
En 1929, a los pocos días de su llegada a Buenos Aires, Leo se sumó a las filas de Pedro Maffia. Junto a éste permaneció siete años, hasta pasar como primer violín a la orquesta de Miguel Caló, que ya anticipaba la evolución instrumental de los 40. En la década de los 50, más exactamente entre 1953 y 1955, se convirtió en pieza fundamental de la orquesta de Roberto Caló.Horacio Ferrer destaca en El Libro del Tango, los solos de Leo en “La cachila”, de Eduardo Arolas y en “En fa menor”, de Osvaldo Tarantino, en grabaciones de Caló para el sello Orfeo. Aunque sin descollar por su técnica, Leo sobresalía por su gusto para expresar el tango, con un estilo cadencioso, doliente, emparentado con los de José Niesso, Raúl Kaplún y Mauricio Misé, definiendo entre todos ellos lo que ha sido la escuela violinística judía dentro del tango. Adentrándose ya en el vanguardismo, Leo constituyó en 1958 el cuarteto Los Notables del Tango, con el pianista Manuel Flores (para grabar “Ciudad dormida” lo reemplazó Osvaldo Berlingieri), el fuelle deLeopoldo Federico y el contrabajo de Omar Murtagh. De aquella experiencia quedó un disco con cuatro tangos. Yendo aun más lejos, creó en 1961, el Primer Cuarteto de Cámara del Tango, con arreglos de Pascual Mamone. En violín, Leo y Hugo Baralis; Mario Lalli (viola) y José Bragato (violoncello). Gracias a ese cuarteto, que alcanzó a grabar dos larga duración, Mamone volvió a la música, que había abandonado para convertirse en visitador médico tras una frustrante experiencia con la grabadora Philips. Lipesker conocía bien las aptitudes de Mamone porque éste había escrito arreglos para Korn. Leo formó, posteriormente, un sexteto con Osvaldo Requena (piano),Daniel Lomuto y Armando Calderaro “Pajarito” (bandoneones) y Leo y Mauricio Misé (violines). El conjunto alcanzó a grabar un longplay. Estuvo vinculado a Alejandro Romay, con quien había creado “Grandes valores del tango”, un programa de amplia audiencia que se emitía porRadio Libertad. Aquel vínculo dio lugar a la composición de tangos del todo olvidables, como “Todo es amor”, “Por este amor” y “Puede ser que no te rías”, que Leo firmó con el seudónimo Riel, al igual que una larga serie de piezas intrascendentes con otros letristas, entre ellos, insólitamente, encontramos a Héctor Stamponi versificando “Tuyo es mi corazón”, de 1964. Pese a su pobreza, esos tangos eran editados por Julio Korn e incluidos poco menos que obligadamente en su repertorio por varios intérpretes, que incluso los grababan. Ese andamiaje comercial, que fabricaba presuntos éxitos, aceleró la decadencia del tango. Sus primeras víctimas fueron los auténticos artistas del género. En su ambivalencia, Leo Lipesker tuvo bastante responsabilidad en dicha degradación, mientras que paralelamente, mantenía un pie en el buen tango. En 1958, dio al cantor Roberto Rufino -relacionado también con Romay-, un marco orquestal de gran calidad, con orquestaciones del bandoneonista Luis Stazo y, en 1964, compuso el tango "Eslava" con Mamone. |
(toda la información fue tomada de Todo Tango )
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