Habíamos trabajado
mucho… pero valió la pena… los pozos para plantar los arbolitos estaban por fin
terminados…. Es que cuando el trabajo se hace entre todos y con una buena
coordinación, todo es más fácil… Equipo.
Eran muchos los
arbolitos que pensábamos plantar… ¡por eso nos costaron tanto los pozos!
Teníamos planeado ponerlos en pequeños grupos para formar bosquecillos…
veinticinco en un grupo, veinte en otro… tal vez once o doce en otro.
Un ingeniero forestal
nos sugirió que los pusiéramos mezclados, es decir, en grupos de especies
distintas, para que al competir por la luz, crecieran más. Igualmente teníamos
que ser prudentes para que las especies más fuertes no ahogaran a las más
débiles.-
Todos teníamos puestos
nuestros ojos de la fantasía en el futuro… ya nos imaginábamos los bosquecillos
crecidos, provocando abundante sombra, para beneplácito y disfrute de todos.
Podríamos comer asados
a su sombra, traer a nuestras familias, jugar pelota y, por sobre todo, disfrutar
de aire fresco.
Comenzamos con la
plantación… un grupo de los nuestros se ofreció a dirigir y asesorar sobre la
forma más conveniente de armar los grupos de arbolitos. Había que tener en
cuenta el viento, el sol, la necesidad de algunas especies de más agua, y otras
muchas cosas más.-
Alguien sugirió que a
algunas de las plantitas… las que se veían más débiles… se les colocara un
tutor para que resistan los embates del viento.
Trabajamos varios días
arduamente… pero no nos pesaban… era una tarea tan estimulante y edificante que
nos daba mucho placer hacerla. En ningún momento se oyeron quejas a pesar del
fuerte sol y de las ráfagas de viento que, en muchas oportunidades, llenaban
nuestra cara de tierra o nos nublaban la visión… Para nosotros, y nuestros
corazones, era como estar viendo nuestro futuro.
La gente que pasaba
cerca del lugar, se detenía para vernos trabajar… nos veían tan felices que los
contagiábamos… incluso algunos se ofrecieron a ayudarnos a plantar y cuidar los
arbolitos.-
Algunos decían:
“queremos ayudarlos porque así podremos aprovechar los arbolitos y su sombra” o
“en el futuro vamos a tener protección gracias a lo que ustedes están haciendo”
Terminada la tarea de
plantación, nos organizamos para cuidar y regar los arbolitos. Decidimos que
nos tocaría trabajar unas horas cada día, en distintos turnos, y que cada uno
tendría un grupo de arbolitos a su cargo durante ese tiempo. Además, cada
cierto tiempo, cambiaríamos los grupos.-
Por la noche, gente
inescrupulosa y malintencionada, arrancaron algunos arbolitos. A varios los
dejaron tirados y se secaron rápidamente. A otros, se los llevaron, sin
comprender que cuando las raíces toman aire, los arbolitos se mueren.-
Tuvimos que redoblar la
vigilancia. Nos quedamos durante todo el día.
Pasado un tiempo
cambiamos los grupos que teníamos asignados… y empezaron los problemas:
·
.Estos árboles no fueron cuidados
adecuadamente – dijeron algunos – están muy torcidos, no van a dar la sombra
que habíamos pensado
·
-.Habría que cortarles algunas ramas y
raíces para que estén más sanos – dijeron otros.
·
-Yo a algunos los cortaría de raíz –
dijo un compañero con aires de grandeza – ya están echados a perder y van a
echar a perder a otros
·
-Tal vez no vinieron bien del vivero del
que los trajimos – dijeron otros tratándose de quitar toda responsabilidad por
las imperfecciones.
·
-Creo que algunos no hicieron su trabajo
como correspondía – dijo una compañera – tal vez no estén capacitados para
seguir en el equipo
·
Y así, criticándonos mutuamente,
comenzamos a pelear sin razón. Nadie se hacía cargo de su tarea… que si los
habíamos cuidado bien… que si los habíamos regado bien… que si los habíamos
mantenido lejos de las plagas… que si esto… que si aquello.
Mientras
tanto… los arbolitos seguían creciendo…. Como podían, pero crecían.
El ingeniero vino
nuevamente, y haciendo una inspección general dijo:
·
¡Pero esto va muy bien! Tendríamos que
hacer algunos arreglos pero los arbolitos van perfectos – y agregó – Ah, les
iba a proponer una capacitación para que todos cuiden los arbolitos
convenientemente según sus necesidades y sus capacidades.
·
-Yo no pienso hacer ninguna capacitación
– dijo el compañero con aires de grandeza – yo sé cuidar árboles
·
-Yo también sé cuidar árboles, porque lo
aprendí en el Instituto – dijo una compañera que siempre tenía buena onda –
pero tal vez aprendamos nuevas técnicas… he oído por ahí que es muy bueno
hablarles a las plantas para que mejoren… ¡son seres vivos!
·
-Déjate de esas tonterías surrealistas –
dijo un compañero con pinta de señor estudioso – esto es científico… las
plantas viven gracias al agua, a los minerales y al sol para hacer la
fotosíntesis… no gracias a las voces humanas.
·
-Si es por los humanos ya no tendríamos
plantas – dijo una compañera activista ecologista.
Y con muchos recelos,
comenzamos la capacitación. Todos queríamos demostrar cuánto sabíamos… y fue
transcurriendo el tiempo… y volvimos a cambiar de grupos de arbolitos… ya
teníamos más conocimiento… ahora podríamos tener más herramientas para mejorar
el crecimiento de los arbolitos.
Decidimos que haríamos
grupos en los que algunos se encargarían del riego, otros de las plagas, otros
de la poda… y así, cada uno se especializaría en algo referido a las plantas.
Cada tanto, quienes se dedicaran a una misma tarea, debían reunirse para ver
qué problemas tenían y cómo podían solucionarlos y mejorar.-
Mientras
tanto… los arbolitos seguían creciendo…. Como podían, pero crecían.
Nos dijeron que iba a
venir un inspector de Medio Ambiente para controlar si se estaban cumpliendo
las reglas de la Ecología.
Estábamos nerviosos…
nos habían dicho que era muy exigente… aunque, en general, seguía sólo órdenes
“de arriba”… tal vez quisiera que sacáramos algunos de los arbolitos o alguno
de los grupos… tal vez quisiera que incluyéramos algunas otras especies, para
las que no estábamos capacitados… tal vez… tal vez… tal vez… Estábamos
nerviosos
Teníamos que proteger y
defender nuestro proyecto… pero para eso teníamos que ponernos de acuerdo… algo
que no habíamos podido hacer muy bien últimamente… volver a ser un equipo.
·
-¿De qué proyecto me hablan, si todo lo
hicimos como cada uno quiso? – dijo el compañero con aires de grandeza
·
-Pero si hicimos la capacitación y todos
estuvimos de acuerdo en seguir adelante – dijo la compañera de la buena onda –
ese es nuestro proyecto, no permitir que se cambie nada… en todo caso que se
mejore
·
.Tal vez sea conveniente que saquemos
algunos árboles – dijo el estudioso – especialmente las especies perjudiciales
para otras
·
-No, compañeros – dijo la ecologista –
no tenemos que permitir que se saque ningún árbol, ni ningún grupo… todos los
arbolitos tienen derecho a crecer para dar la sombra que puedan.
·
-Si, todo muy lindo, pero algunos son
indefendibles – agregó nuevamente el estudioso – no han crecido casi nada, se
toman toda el agua y hasta algunos están muy torcidos… creo que ya no hay nada
que hacer con ellos
·
-¿Pero intentaron hablarles? ¿decirles
que confiamos en ellos para nuestro futuro? – preguntó la ecologista con preocupación
·
-Sí, yo les hablé bastante – dijo el de
la mala onda – le dije: “¡si no crecen rápido los vamos a cortar de raíz…
plantas inútiles!”
·
-De cualquier modo, hay que defenderlos,
son nuestra responsabilidad – dijo una compañera que siempre decía cosas muy en
serio
·
-Además, no nos olvidemos que, si
quieren sacar nuestros arbolitos y nuestros grupos es porque este terreno es
muy codiciado – dijo el director del proyecto que intervenía poco – no me
extrañaría que nos sacaran el parque completo.
·
-Sí, yo oí que quería venir a instalarse
un supermercado – dijo la de la buena onda
·
-¡¡Un supermercado!!!... qué bueno –
dijo una compañera que andaba siempre en las nubes
·
-No debemos permitirlo – dijo la
ecologista – los arbolitos son nuestro futuro y nuestra razón de ser
Mientras
tanto… los arbolitos seguían creciendo…. Como podían, pero crecían.
Y vino el inspector…
nos señaló todos, pero todos los errores que habíamos cometido en la
plantación, la preparación de la tierra, el cuidado de la naturaleza y de la cultura
del lugar, los costos de hacer semejante emprendimiento, el riego, la poda, y
muchas, pero muchas cosas más. Y todo esto, a pesar de que él no había venido
jamás a ver el proceso que nos había llevado armar este parque, cuidarlo y
verlo crecer.-
¡Claro! – Pensaron
algunos – debe ser un tipo muy preparado para inspeccionar… ¡Se había dado
cuenta de nuestros errores!
El inspector dijo que
se estaba haciendo un mal uso de la tierra, ya que se desaprovechaba el terreno
con grupos muy chicos, y que, por lo tanto ordenaba que se trasplantasen los
árboles de los grupos más chicos hacía grupos más grandes, y que si no se
podían trasplantar, que simplemente se eliminasen.
Luchamos denodadamente
por nuestros arbolitos, argumentando desde las más variadas teorías y ópticas….
Y aún así perdimos dos grupos…
.No se preocupen - dijo
el inspector – después les mando un montón de arbolitos torcidos que tengo en
un galpón. Pueden hacer un grupo más grande y tal vez le den buena sombra.
Nos quedamos tristes…
en silencio… con mucha impotencia… habíamos perdido dos grupos de “nuestros
arbolitos” y sabíamos que no se reemplazaban por otros… sencillamente no se
reemplazaban
Habíamos fracasado como
equipo… ¿pero qué nos había pasado?... ¿por qué habíamos empezado con tanto
entusiasmo y ahora estábamos tan desmoralizados?... ¿podríamos recuperar ese
entusiasmo que llegó a contagiar a tantos?
Por lo menos, teníamos
que intentarlo. Nos abrazamos fuerte… lloramos… nos pedimos disculpas por
habernos maltratado… tomamos unos mates a la sombra que ya daban nuestros
arbolitos… tomamos nuestras herramientas y volvimos al trabajo: hacer surcos,
regar, podar, sacar las plagas, apuntalar con tutores… y comenzar a hacer
nuevos pozos, para la próxima temporada.-
Mientras
tanto… los arbolitos seguían creciendo…. Como podían, pero crecían… como
aprendieron, pero crecían…
Y
crecieron, crecieron, crecieron…. Y dieron una sombra hermosa por ser seres
robustos cuidados con amor.
Y
hoy, cada vez que pasamos por el parque… y ya hay nuevos compañeros haciendo
pozos para la otra temporada y cuidando esos primeros arbolitos que ya son
grandes y fuertes, sentimos que no fue en vano… y que, a pesar de todo, lo
volveríamos a hacer.-
Alejandro Torres Claro